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IA embebida: del IoT conectado al IoT inteligente

IA embebida: del IoT conectado al IoT inteligente

Durante años, muchos dispositivos IoT se han limitado a capturar datos, realizar un procesamiento básico y enviarlos o gestionarlos según las necesidades de cada producto. Este enfoque sigue siendo válido y funcional. De hecho, numerosos dispositivos conviven hoy con nosotros de manera eficiente y controlada.

Sin embargo, la tecnología avanza. Y, al igual que las personas se reinventan y se adaptan, los dispositivos IoT también deben evolucionar.

Las plataformas y los servicios de inteligencia artificial en la nube son bien conocidos. Van desde APIs especializadas en machine learning hasta soluciones generativas como ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. La pregunta parece evidente: ¿por qué no utilizarlas para procesar datos y ayudar en la gestión interna del dispositivo?

La respuesta está en las propias características del IoT. Estos equipos suelen estar sujetos a requisitos muy concretos: bajo consumo energético, costes contenidos y capacidad de comunicación eficiente. Depender constantemente de la nube puede introducir latencia, elevar el consumo, aumentar los costes de comunicación y generar riesgos para la privacidad.

Aquí entra en juego la IA embebida: la integración de modelos de machine learning directamente en el microcontrolador o procesador de bajo consumo del dispositivo. 

Cuando se utiliza en microcontroladores con recursos especialmente limitados suele hablarse de TinyML

No nos referimos a plataformas de IA en la nube, agentes conversacionales o modelos generativos de propósito general. Hablamos de modelos pequeños, optimizados y entrenados para resolver una tarea concreta.

En lugar de enviar todos los datos sin procesar a servicios externos, el propio dispositivo puede analizarlos de forma local y tomar decisiones inmediatas. Así se aprovechan las ventajas de un procesamiento inteligente sin depender continuamente de la nube.

Qué entendemos por IA embebida

La IA embebida es una inteligencia específica, diseñada para responder al contexto y a las necesidades del dispositivo. Su objetivo no es atender cualquier petición, mantener una conversación o generar contenido, sino resolver una tarea determinada a partir de los datos recogidos por el propio sistema. Puede detectar una anomalía, clasificar una señal, reconocer un patrón de movimiento o identificar un evento relevante.

Gracias a esta tecnología, muchos dispositivos IoT dejan de limitarse a capturar y enviar datos. Empiezan a interpretarlos allí donde se generan. Un sensor industrial, por ejemplo, puede identificar patrones anómalos de vibración antes de que se produzca una avería. Un wearable puede reconocer una caída o un cambio brusco en la actividad del usuario. Una cámara inteligente puede filtrar eventos relevantes sin transmitir vídeo de forma continua. Y un sensor ambiental puede diferenciar entre variaciones normales y situaciones que requieren una alerta.

En todos estos casos, la inteligencia artificial permite tomar decisiones localmente, reducir la dependencia de la nube y responder con mayor rapidez y eficiencia. Este enfoque también ayuda a disminuir la latencia, el consumo energético y el tráfico de red. Además, mejora la privacidad, ya que no todos los datos necesitan abandonar el dispositivo.

Del modelo a la aplicación embebida

El proceso comienza con la captura de datos procedentes del contexto y del entorno en el que operará la aplicación. La información puede obtenerse mediante acelerómetros, giróscopos, micrófonos, sensores ambientales, señales eléctricas o cualquier otra fuente relevante.

Después llega la fase de preparación, que puede incluir tareas de limpieza, etiquetado, segmentación y extracción de características. En algunos casos, el objetivo será distinguir entre comportamientos normales y anómalos. En otros, clasificar señales, reconocer patrones o estimar un valor. En cualquier escenario, el modelo debe ser lo más compacto y eficiente posible.

A continuación, se lleva a cabo el entrenamiento. Para este tipo de aplicaciones existen herramientas que simplifican el flujo de trabajo:

  • Edge Impulse: integra la gestión de datos, el entrenamiento, la optimización y el despliegue de soluciones de Edge AI. 
  • NXP eIQ Time Series Studio: permite desarrollar modelos de series temporales y generar librerías para dispositivos NXP. 
  • LiteRT / TensorFlow Lite: ofrece herramientas para convertir y ejecutar modelos compatibles en microcontroladores.

Una vez entrenado y validado, el modelo se exporta en un formato adecuado para el entorno embebido. Dependiendo de la herramienta utilizada, el resultado puede ser un modelo compatible con LiteRT o TensorFlow Lite, una librería generada mediante eIQ Time Series Studio o un SDK exportado desde Edge Impulse.

Casos de uso

Las posibilidades son amplias. En la industria, la IA embebida puede aplicarse al mantenimiento predictivo, la detección de anomalías o la clasificación de los distintos estados de una máquina.

En el ámbito de la salud y el bienestar, puede incorporarse a wearables capaces de detectar caídas, patrones de actividad o eventos fisiológicos. En logística, permite monitorizar las condiciones del transporte. En las smart cities, puede analizar señales ambientales o acústicas sin necesidad de enviar continuamente datos brutos a la nube.

Todos estos casos comparten una misma idea: el dispositivo deja de ser un simple capturador de información y comienza a interpretar su contexto. Puede hacerlo con un nivel de precisión difícil de alcanzar mediante un enfoque de programación tradicional, gracias al entrenamiento del modelo y, cuando sea necesario, a su reentrenamiento externo con nuevos datos.

La IA embebida permite, en definitiva, que los dispositivos IoT evolucionen desde la simple recogida de datos hacia sistemas capaces de interpretar su entorno y actuar localmente. Un salto que abre la puerta a soluciones más rápidas, eficientes y preparadas para el futuro tecnológico.
 

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